- BERLIN
TANZT TECHNO *
UNA
CRÓNICA SOBRE LOVE PARADE 1998
Matthias
Roeing es un tipo de aspecto insignificante, cejas espesas y expresión
de pánfilo. Cantó en un grupo punk rock - Die Toten Piloten - ,en
1988 organizó la primera acid house party en Berlín y un año después
congregó bajo la lluvia a no más de 150 ravers alrededor de una camioneta
Volkswagen por Kurfurstendamm - la Gran Vía de Berlín - al reclamo
de "Amistad y amor".
9 años más tarde Matt es Motte, se ha ganado el doctorado, su camioneta
son 47 trailers y los reclamos hippies de fraternidad arremolinan
a cientos de miles de personas en el corazón de Berlín. Es el Love
Parade, la cita del primer fin de semana de julio.
Este año fue el día 11 el escogido, si bien el ambiente del Parade
ya se había dejado sentir a lo largo de toda la semana precedente
y muy especialmente de víspera, cuando los trenes de cercanías - la
inmensa mayoría de los asistentes a este evento "internacional" son
ALEMANES, y más que excepcional resulta oír hablar otro idioma en
el centro de la fiesta - van trayendo carne fresca a Berlín. Los alrededores
de la estación de Zoologischer Garten, la más céntrica, van acogiendo
montones desordenados de adolescentes con pelo multicolor, de la misma
forma que se comienzan a presentar las primeras fiestas casi espontáneas
en las aceras, en los centros comerciales que colocan Dj´s en el escaparate,
en la gran Plaza de Kurfurstendamm bajo la sombra áspera de la iglesia
del Kaiser Guillermo. El centro de Berlín se va llenando de gente
que acampa en las aceras de Kantstrasse, en los aparcamientos, en
las plazas, que recorre las aceras en busca de una pensión o negocia
con pastillas al aire libre. No hay una sola tienda que no haya colocado
un cartel del Parade en el escaparate, todas venden las camisetas
-cuatro modelos distintos por 30 DM cada una- y el merchandising imaginable.
Las oficinas de "Last Minute" agotan entradas para alguna de las fiestas
post - Parade mientras los empleados de la BVG - empresa que gestiona
el Metro Berlinés - hacen campaña en las aceras vendiendo la pulsera
amarilla que da derecho a viajar por menos dinero, el auténtico distintivo
del turista. Hay un par de germanas potentes vestidas con velos y
flores artificiales que han plantado el estéreo en el suelo y bailan
con verdadero peligro entre la gente, una camioneta de daneses con
las puertas abiertas convertida en discoteca (tienes farla en el maletero),
un sueco escupe surtidores de fuego por la boca a ritmo de Goa.
La organización del Parade - un entramado de patrocinadores y multinacionales
con el negocio bien atado - había decidido este año partir el recorrido
tradicional que sube desde Ernst Reuter Platz hasta el Siegessaüle
y añadir otro tramo simétrico, desde la Puerta de Brandenburgo hasta
el mismo destino. La finalidad era descongestionar en lo posible el
trayecto y dar lugar a la entrada de más camiones - carrozas en el
evento (buena idea, cada uno paga 4000 DM por participar). 50 eran
los matriculados para esta edición , de los que tan sólo 3 quedaron
fuera. Todos los clubes de Berlín montaron el suyo y subieron a las
go - go´s mejor maqueadas, cada carroza llevaba su equipo de sonido
y la orden terminante de no abrir fuego hasta las 14:00. Desde 2 horas
antes la gente iba llegando en riadas a la inmensa avenida cerrada
al tráfico, excepto para las decenas de furgonetas de POLIZEI cuidando
los accesos y sellando el paso a los monumentos - el mausoleo a los
caídos del Ejército Rojo quedaba en el ojo del huracán- , vigilando
los posibles desmanes de una armada de ravers con el pelo teñido y
traje de gala, armados hasta los dientes con silbatos (1 DM, y os
aseguro que no hubo nadie que no se hiciera con uno) y pistolas de
agua. La policía alemana dispersó por fin sus carros tras una hilera
larga de puestos "oficiales" que se extendía por los flancos; bebidas
energéticas, cerveza, película para las cámaras, camisetas, girasoles
de plástico y pintura corporal, piercing y globos…La tropa fue entonces
tomando posiciones en torno a los camiones estacionados mientras las
go - go´s se empolvaban la nariz y el tiempo corría. No hubo retrasos.
Todos se habían presentado puntuales y la organización lo había dispuesto
al minuto. Era el momento señalado.
Quien no haya estado nunca en el Parade no puede ni mucho menos imaginar
qué es exactamente lo que ocurre cuando llega la hora y el primer
camión conecta su equipo. Es un petardo, tan sólo el ruido sordo de
la conexión, y antes incluso de que la música empiece a sonar todo
el mundo está gritando. El estruendo se mezcla de pronto con los bpms
lanzados a quemarropa y uno por uno, todos los camiones se ponen en
marcha subiendo el volumen. Los había , por supuesto , de Berlín,
pero también arrancaron desde discotecas de Hamburgo , Postdam, Frankfurt,
Holanda - consejo a principiantes, no acercarse NUNCA a ellos, Gabber
demasiado alto - e incluso Francia, que envió a su ex-ministro de
cultura, Jack Lang para tomar nota (los franceses quieren reproducir
el Parade el 19 de septiembre en la plaza de la République de Paris,
que Dios les ampare.).
A partir de ese momento el Parade está en marcha. Los camiones van
avanzando a tramos, escoltados por grupos de gorilas que despejan
el camino, la temperatura va subiendo y el oxígeno empieza a escasear.
Se mire por donde se mire, todo es un océano de cabezas y brazos con
marejada de alcohol y vitaminas de colores pasando de mano en mano.
Las farolas, los indicadores de tráfico, los semáforos huérfanos entre
la gente son pronto coronados por escaladores que aprovechan cualquier
sitio para ver y ser vistos. El Tiergarten, un bosque impresionante
que el Parade cruza todos los años, se va llenando de rezagados y
gente demasiado cansada para aguantar el ritmo del interior al tiempo
que la Cruz roja abre pasillos para ir sacando los primeros tobillos
torcidos y los desmayos. El Love Parade es también una música reconocible
para el resto de la ciudad, el desfile de ambulancias camino de los
hospitales, todo el día.
Una serpiente gruesa y ruidosa que se va estirando por todo su recorrido
sin dejar de moverse, palmo por palmo. Aún cuando todo el mundo va
acercándose a Siegessaüle, la estatua de la Victoria sobre cuyas alas
se sentaban los ángeles de Wim Wenders, la retaguardia de cada tramo
va organizando sus propias fiestas en camionetas, remolques, bajo
los puentes, cualquier sitio en que un Dj pueda meter su equipo y
conectarlo a una batería de coche o lo que tenga a mano. La gente
se acerca y cambia hierba por píldoras rojas, o simplemente cola por
cerveza y montan su rave privada. Hay tipos tocando los bongos, aparecidos
que venden éxtasis "natural" , fotógrafos y lolitas embutidas en plástico,
gente muy muy pasada y otros insultantemente frescos siguiendo la
estela de los camiones. El día había amanecido lluvioso y gris pero
ha ido iluminándose poco a poco y en el punto álgido resulta un digno
día de verano, incluso para Berlín. Pero no va a durar. Primero unas
nubes, luego es ya la brisa saltando sobre las cabezas de los ravers
y las primeras gotas. En Berlín llueve como una rociada de aerosol,
no más allá de 15 minutos. Pero hoy será a lo grande; un chaparrón
helado y duro calando a todos hasta los huesos, corriendo la pintura
corporal y el tinte barato (4 DM un frasco de azul cobalto) por los
cuerpos mojados de miles y miles de adolescentes salpicados de laca
y tinta y sudor y cerveza, cociendo el olor espeso a carne que inunda
el Parade ahora.
En Tiergarten la lluvia ha ayudado a amasar un barro lechoso de alcohol
y polvo que la gente se lleva en los pies. A estas alturas ya hay
un buen número de ravers que hacen un alto y se tumban en la hierba
o salen a la periferia de la fiesta para comer algo. También los hay
que se incorporan de nuevas y tratan de buscar huecos entre la gente.
Pero el esqueleto de la fiesta sigue moviéndose en círculos por la
enorme rotonda de Siegessaüle, con los camiones de cada sentido cruzándose
y los dos grandes andamios plantados en la plaza funcionando como
mega cabinas de Dj .Un helicóptero de la televisión sobrevuela la
avenida atestada, hay varias cadenas alemanas transmitiendo, alguna
-como la televisión local de Berlín- , íntegro y en directo. También
alguna unidad móvil e incluso reporteros mezclados con la gente, cámaras
enfocando en todas direcciones.
A esas alturas el Parade ya es ese mastodonte imparable de las fotografías;
miles y miles de personas reunidas en una sola avenida, un rave infinito
con 47 pistas y su chill out instalado entre hectáreas de árboles
y hierba mojada. Cada uno busca su sitio y se cuelga de la fiesta
que prefiera: puedes dejarte ir con el drum n´bass rodeado de japoneses
o calar la bayoneta con house entre italianas, puedes jugarte el tipo
con doce holandeses encabronados a base de gabber o digerir una sesión
pesada de trance al estilo de Hamburgo. Hay walkirias morenas en tanga,
bíceps a pleno sol…puedes probar suerte, Dios la reparte a cielo abierto.
Estás perdido en medio de una avalancha de gente completamente acelerada,
revuelta, celebrando el amor fraterno con exceso de velocidad, envuelto
por música atronadora, los bajos soltando golpes secos en tu estómago,
a una temperatura que en el centro de la fiesta no bajará de los 40º,
tienes alcohol y química a mano…y todo un día entero por delante.
Simultáneamente, el barrio de Mitte acoge una contramanifestación
que va ganando su propia tradición año tras año, el Fuckparade. El
Fuck se presenta como una parodia maligna de su antagonista, y congrega
a un par de miles de personas en torno a carrozas repletas de consignas
lanzadas contra su "hermana mayor" : que le jodan al Love Parade es
el mensaje, y puedo asegurar que han multiplicado su asistencia en
un par de años…esta vez los fuckers incluso ejercieron de piratas
informáticos y llegaron a sabotear las páginas web del Parade repartiendo
mensajes disuasorios entre sus visitantes. El Hate parade, iniciado
por su lado hace un tiempo como oposición radical a la fiesta, ha
quedado ya como una antigualla que mantiene unidos a 40 punks irredentos
en un concierto anual que conmemora lo jodido que anda todo en este
mundo y la mucha falta que hace la anarkía para enmendarlo.
A las 20:00 la luz va cediendo y el verdadero Parade va a llegar a
su momento cumbre. Con 20 minutos de retraso la fiesta se detiene
y la música cesa. Dr. Motte, el Maestro de Ceremonias, va a hacer
su discurso. Matthias Roeing aparece y con media sonrisa lee un par
de folios en alemán sobre la importancia del amor fraterno y la conciencia
universal; "somos un mundo, tenemos un futuro". Todo el Parade aplaude
al Doctor, Sven Väth y Marusha reemprenden los malos modos pinchando
las primeras sesiones de las que se irán encadenando en los andamios
hasta que todo se detenga, ya de noche.
Porque es ahí donde el Loveparade se comienza a extender por todo
Berlín; infinidad de clubes y garitos de la ciudad preparan para esa
noche sus fiestas, con un reguero de nombres célebres y Dj´s importados
de todo el mundo como reclamo. Junto con las fiestas "oficiales" montadas
por los clubes relacionados con la organización y que se anuncian
a todo lujo beneficiándose del logo oficial, las hay a cientos en
todos los locales berlineses que abren sus puertas al millón largo
de ravers que circulan por la calle. A partir de las 21:00 uno puede
ir pensando en cuál de todas las convocadas le seduce más. Como es
de esperar , son las más sofisticadas, que tendrán lugar en los locales
más "in", aquellas que convocan a la mayor cantidad de visitantes.
También son las más caras e incluso las menos divertidas, pero puede
valer la pena: este año tenemos en una misma noche a Josh Wink, Sven
Väth, Mark Spoon, Steve Mason, Marusha, Eddie Flashin´Fowlkes, Carl
Cox, Richie Hawtin…y que cada cual decida.
Nos decantamos por el rave organizado en el Kunsthaus Tacheles, un
enorme edificio okupado en el centro del barrio de Mitte en el que
se dan cita artistas de toda calaña: pintores, escultores, hackers,
taggers…el Kunsthaus organiza una fiesta repartida por todo el inmueble
con un veterano más que respetable como Dj, Gabi Delgado. En el patio
interior, en el Teatro y la sala de cine dispuestos en el edificio,
así como en el café-bar Zapata (hecho todo él literalmente con material
de desecho) se reproducen las barras y las mesas de mezclas en que
se turnan los Dj´s. La carroza que el Kunsthaus desplazó al Parade
está aparcada en el patio y su remolque vuelve a iluminarse para hacer
de pista de baile. No contentos con pinchar, Tacheles ha dispuesto
música en vivo y un tornado de percusiones africanas toma al asalto
la casa entera. La calle Oranienburger, pacífica y envejecida, se
llena de personajes y ruido y luces. Así continúa todo durante horas
y horas, hasta que va amaneciendo y la policía se encarga de controlar
los excesos de ruido instando a los fiesteros a bajar el volumen o
levantar el campo. Quedan los puestos piratas de camisetas, los mecheros
del Parade, las gorras y el CD oficial que todo el mundo se lleva
a casa como souvenir, con todas esas canciones que no se han escuchado
ni una sola vez en la fiesta.
Por la mañana son los camiones de basura los que desfilan por la ciudad.
Hay un ejército de basureros recogiendo las toneladas de desperdicio
que el Parade ha dejado detrás y limpiando el Tiergarten de latas
de bebida y plástico, silbatos abandonados y papeles. El propio Dr.
Motte se presenta ante los periodistas con la cara lavada y las ojeras
de domingo a los pies del Siegessaüle para replantar uno de los arbustos
pisoteados que traen a mal traer a los ecologistas que año tras año
la montan parda para evitar el destrozo que el Parade supone para
el parque. A partir de mañana, todos los periódicos publicarán la
foto de familia, los millares de cabezas extendidos por la avenida,
los balances de asistencia, la estadística de atenciones médicas (a
joderse, las sobredosis han bajado a pesar de la irrupción del éxtasis
líquido) y detenciones por disturbios (mínimas) que quedan como números
finales de ese desmadre enorme y encantador que un muchacho insignificante,
cejas espesas y aspecto de pánfilo, se sacó del bolsillo hace 10 años.
Os veré en el Loveparade 1999, el último del siglo, en el mes que
Nostradamus predijo como principio del fin.
* "BERLIN TANZT TECHNO" = Berlín
bailó techno. Con este titular amaneció el día
13 el periódico Berliner Morgenpost, saludando al Parade y
a la gente que tomó parte en él.
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