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BERLINER MORGENPOST

Artículo publicado en Berlín el 13 Julio 1998

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BERLIN TANZT TECHNO *
UNA CRÓNICA SOBRE LOVE PARADE 1998

Matthias Roeing es un tipo de aspecto insignificante, cejas espesas y expresión de pánfilo. Cantó en un grupo punk rock - Die Toten Piloten - ,en 1988 organizó la primera acid house party en Berlín y un año después congregó bajo la lluvia a no más de 150 ravers alrededor de una camioneta Volkswagen por Kurfurstendamm - la Gran Vía de Berlín - al reclamo de "Amistad y amor".

9 años más tarde Matt es Motte, se ha ganado el doctorado, su camioneta son 47 trailers y los reclamos hippies de fraternidad arremolinan a cientos de miles de personas en el corazón de Berlín. Es el Love Parade, la cita del primer fin de semana de julio.

Este año fue el día 11 el escogido, si bien el ambiente del Parade ya se había dejado sentir a lo largo de toda la semana precedente y muy especialmente de víspera, cuando los trenes de cercanías - la inmensa mayoría de los asistentes a este evento "internacional" son ALEMANES, y más que excepcional resulta oír hablar otro idioma en el centro de la fiesta - van trayendo carne fresca a Berlín. Los alrededores de la estación de Zoologischer Garten, la más céntrica, van acogiendo montones desordenados de adolescentes con pelo multicolor, de la misma forma que se comienzan a presentar las primeras fiestas casi espontáneas en las aceras, en los centros comerciales que colocan Dj´s en el escaparate, en la gran Plaza de Kurfurstendamm bajo la sombra áspera de la iglesia del Kaiser Guillermo. El centro de Berlín se va llenando de gente que acampa en las aceras de Kantstrasse, en los aparcamientos, en las plazas, que recorre las aceras en busca de una pensión o negocia con pastillas al aire libre. No hay una sola tienda que no haya colocado un cartel del Parade en el escaparate, todas venden las camisetas -cuatro modelos distintos por 30 DM cada una- y el merchandising imaginable. Las oficinas de "Last Minute" agotan entradas para alguna de las fiestas post - Parade mientras los empleados de la BVG - empresa que gestiona el Metro Berlinés - hacen campaña en las aceras vendiendo la pulsera amarilla que da derecho a viajar por menos dinero, el auténtico distintivo del turista. Hay un par de germanas potentes vestidas con velos y flores artificiales que han plantado el estéreo en el suelo y bailan con verdadero peligro entre la gente, una camioneta de daneses con las puertas abiertas convertida en discoteca (tienes farla en el maletero), un sueco escupe surtidores de fuego por la boca a ritmo de Goa.

La organización del Parade - un entramado de patrocinadores y multinacionales con el negocio bien atado - había decidido este año partir el recorrido tradicional que sube desde Ernst Reuter Platz hasta el Siegessaüle y añadir otro tramo simétrico, desde la Puerta de Brandenburgo hasta el mismo destino. La finalidad era descongestionar en lo posible el trayecto y dar lugar a la entrada de más camiones - carrozas en el evento (buena idea, cada uno paga 4000 DM por participar). 50 eran los matriculados para esta edición , de los que tan sólo 3 quedaron fuera. Todos los clubes de Berlín montaron el suyo y subieron a las go - go´s mejor maqueadas, cada carroza llevaba su equipo de sonido y la orden terminante de no abrir fuego hasta las 14:00. Desde 2 horas antes la gente iba llegando en riadas a la inmensa avenida cerrada al tráfico, excepto para las decenas de furgonetas de POLIZEI cuidando los accesos y sellando el paso a los monumentos - el mausoleo a los caídos del Ejército Rojo quedaba en el ojo del huracán- , vigilando los posibles desmanes de una armada de ravers con el pelo teñido y traje de gala, armados hasta los dientes con silbatos (1 DM, y os aseguro que no hubo nadie que no se hiciera con uno) y pistolas de agua. La policía alemana dispersó por fin sus carros tras una hilera larga de puestos "oficiales" que se extendía por los flancos; bebidas energéticas, cerveza, película para las cámaras, camisetas, girasoles de plástico y pintura corporal, piercing y globos…La tropa fue entonces tomando posiciones en torno a los camiones estacionados mientras las go - go´s se empolvaban la nariz y el tiempo corría. No hubo retrasos. Todos se habían presentado puntuales y la organización lo había dispuesto al minuto. Era el momento señalado.

Quien no haya estado nunca en el Parade no puede ni mucho menos imaginar qué es exactamente lo que ocurre cuando llega la hora y el primer camión conecta su equipo. Es un petardo, tan sólo el ruido sordo de la conexión, y antes incluso de que la música empiece a sonar todo el mundo está gritando. El estruendo se mezcla de pronto con los bpms lanzados a quemarropa y uno por uno, todos los camiones se ponen en marcha subiendo el volumen. Los había , por supuesto , de Berlín, pero también arrancaron desde discotecas de Hamburgo , Postdam, Frankfurt, Holanda - consejo a principiantes, no acercarse NUNCA a ellos, Gabber demasiado alto - e incluso Francia, que envió a su ex-ministro de cultura, Jack Lang para tomar nota (los franceses quieren reproducir el Parade el 19 de septiembre en la plaza de la République de Paris, que Dios les ampare.).

A partir de ese momento el Parade está en marcha. Los camiones van avanzando a tramos, escoltados por grupos de gorilas que despejan el camino, la temperatura va subiendo y el oxígeno empieza a escasear. Se mire por donde se mire, todo es un océano de cabezas y brazos con marejada de alcohol y vitaminas de colores pasando de mano en mano. Las farolas, los indicadores de tráfico, los semáforos huérfanos entre la gente son pronto coronados por escaladores que aprovechan cualquier sitio para ver y ser vistos. El Tiergarten, un bosque impresionante que el Parade cruza todos los años, se va llenando de rezagados y gente demasiado cansada para aguantar el ritmo del interior al tiempo que la Cruz roja abre pasillos para ir sacando los primeros tobillos torcidos y los desmayos. El Love Parade es también una música reconocible para el resto de la ciudad, el desfile de ambulancias camino de los hospitales, todo el día.

Una serpiente gruesa y ruidosa que se va estirando por todo su recorrido sin dejar de moverse, palmo por palmo. Aún cuando todo el mundo va acercándose a Siegessaüle, la estatua de la Victoria sobre cuyas alas se sentaban los ángeles de Wim Wenders, la retaguardia de cada tramo va organizando sus propias fiestas en camionetas, remolques, bajo los puentes, cualquier sitio en que un Dj pueda meter su equipo y conectarlo a una batería de coche o lo que tenga a mano. La gente se acerca y cambia hierba por píldoras rojas, o simplemente cola por cerveza y montan su rave privada. Hay tipos tocando los bongos, aparecidos que venden éxtasis "natural" , fotógrafos y lolitas embutidas en plástico, gente muy muy pasada y otros insultantemente frescos siguiendo la estela de los camiones. El día había amanecido lluvioso y gris pero ha ido iluminándose poco a poco y en el punto álgido resulta un digno día de verano, incluso para Berlín. Pero no va a durar. Primero unas nubes, luego es ya la brisa saltando sobre las cabezas de los ravers y las primeras gotas. En Berlín llueve como una rociada de aerosol, no más allá de 15 minutos. Pero hoy será a lo grande; un chaparrón helado y duro calando a todos hasta los huesos, corriendo la pintura corporal y el tinte barato (4 DM un frasco de azul cobalto) por los cuerpos mojados de miles y miles de adolescentes salpicados de laca y tinta y sudor y cerveza, cociendo el olor espeso a carne que inunda el Parade ahora.

En Tiergarten la lluvia ha ayudado a amasar un barro lechoso de alcohol y polvo que la gente se lleva en los pies. A estas alturas ya hay un buen número de ravers que hacen un alto y se tumban en la hierba o salen a la periferia de la fiesta para comer algo. También los hay que se incorporan de nuevas y tratan de buscar huecos entre la gente. Pero el esqueleto de la fiesta sigue moviéndose en círculos por la enorme rotonda de Siegessaüle, con los camiones de cada sentido cruzándose y los dos grandes andamios plantados en la plaza funcionando como mega cabinas de Dj .Un helicóptero de la televisión sobrevuela la avenida atestada, hay varias cadenas alemanas transmitiendo, alguna -como la televisión local de Berlín- , íntegro y en directo. También alguna unidad móvil e incluso reporteros mezclados con la gente, cámaras enfocando en todas direcciones.

A esas alturas el Parade ya es ese mastodonte imparable de las fotografías; miles y miles de personas reunidas en una sola avenida, un rave infinito con 47 pistas y su chill out instalado entre hectáreas de árboles y hierba mojada. Cada uno busca su sitio y se cuelga de la fiesta que prefiera: puedes dejarte ir con el drum n´bass rodeado de japoneses o calar la bayoneta con house entre italianas, puedes jugarte el tipo con doce holandeses encabronados a base de gabber o digerir una sesión pesada de trance al estilo de Hamburgo. Hay walkirias morenas en tanga, bíceps a pleno sol…puedes probar suerte, Dios la reparte a cielo abierto. Estás perdido en medio de una avalancha de gente completamente acelerada, revuelta, celebrando el amor fraterno con exceso de velocidad, envuelto por música atronadora, los bajos soltando golpes secos en tu estómago, a una temperatura que en el centro de la fiesta no bajará de los 40º, tienes alcohol y química a mano…y todo un día entero por delante.

Simultáneamente, el barrio de Mitte acoge una contramanifestación que va ganando su propia tradición año tras año, el Fuckparade. El Fuck se presenta como una parodia maligna de su antagonista, y congrega a un par de miles de personas en torno a carrozas repletas de consignas lanzadas contra su "hermana mayor" : que le jodan al Love Parade es el mensaje, y puedo asegurar que han multiplicado su asistencia en un par de años…esta vez los fuckers incluso ejercieron de piratas informáticos y llegaron a sabotear las páginas web del Parade repartiendo mensajes disuasorios entre sus visitantes. El Hate parade, iniciado por su lado hace un tiempo como oposición radical a la fiesta, ha quedado ya como una antigualla que mantiene unidos a 40 punks irredentos en un concierto anual que conmemora lo jodido que anda todo en este mundo y la mucha falta que hace la anarkía para enmendarlo.

A las 20:00 la luz va cediendo y el verdadero Parade va a llegar a su momento cumbre. Con 20 minutos de retraso la fiesta se detiene y la música cesa. Dr. Motte, el Maestro de Ceremonias, va a hacer su discurso. Matthias Roeing aparece y con media sonrisa lee un par de folios en alemán sobre la importancia del amor fraterno y la conciencia universal; "somos un mundo, tenemos un futuro". Todo el Parade aplaude al Doctor, Sven Väth y Marusha reemprenden los malos modos pinchando las primeras sesiones de las que se irán encadenando en los andamios hasta que todo se detenga, ya de noche.

Porque es ahí donde el Loveparade se comienza a extender por todo Berlín; infinidad de clubes y garitos de la ciudad preparan para esa noche sus fiestas, con un reguero de nombres célebres y Dj´s importados de todo el mundo como reclamo. Junto con las fiestas "oficiales" montadas por los clubes relacionados con la organización y que se anuncian a todo lujo beneficiándose del logo oficial, las hay a cientos en todos los locales berlineses que abren sus puertas al millón largo de ravers que circulan por la calle. A partir de las 21:00 uno puede ir pensando en cuál de todas las convocadas le seduce más. Como es de esperar , son las más sofisticadas, que tendrán lugar en los locales más "in", aquellas que convocan a la mayor cantidad de visitantes. También son las más caras e incluso las menos divertidas, pero puede valer la pena: este año tenemos en una misma noche a Josh Wink, Sven Väth, Mark Spoon, Steve Mason, Marusha, Eddie Flashin´Fowlkes, Carl Cox, Richie Hawtin…y que cada cual decida.

Nos decantamos por el rave organizado en el Kunsthaus Tacheles, un enorme edificio okupado en el centro del barrio de Mitte en el que se dan cita artistas de toda calaña: pintores, escultores, hackers, taggers…el Kunsthaus organiza una fiesta repartida por todo el inmueble con un veterano más que respetable como Dj, Gabi Delgado. En el patio interior, en el Teatro y la sala de cine dispuestos en el edificio, así como en el café-bar Zapata (hecho todo él literalmente con material de desecho) se reproducen las barras y las mesas de mezclas en que se turnan los Dj´s. La carroza que el Kunsthaus desplazó al Parade está aparcada en el patio y su remolque vuelve a iluminarse para hacer de pista de baile. No contentos con pinchar, Tacheles ha dispuesto música en vivo y un tornado de percusiones africanas toma al asalto la casa entera. La calle Oranienburger, pacífica y envejecida, se llena de personajes y ruido y luces. Así continúa todo durante horas y horas, hasta que va amaneciendo y la policía se encarga de controlar los excesos de ruido instando a los fiesteros a bajar el volumen o levantar el campo. Quedan los puestos piratas de camisetas, los mecheros del Parade, las gorras y el CD oficial que todo el mundo se lleva a casa como souvenir, con todas esas canciones que no se han escuchado ni una sola vez en la fiesta.

Por la mañana son los camiones de basura los que desfilan por la ciudad. Hay un ejército de basureros recogiendo las toneladas de desperdicio que el Parade ha dejado detrás y limpiando el Tiergarten de latas de bebida y plástico, silbatos abandonados y papeles. El propio Dr. Motte se presenta ante los periodistas con la cara lavada y las ojeras de domingo a los pies del Siegessaüle para replantar uno de los arbustos pisoteados que traen a mal traer a los ecologistas que año tras año la montan parda para evitar el destrozo que el Parade supone para el parque. A partir de mañana, todos los periódicos publicarán la foto de familia, los millares de cabezas extendidos por la avenida, los balances de asistencia, la estadística de atenciones médicas (a joderse, las sobredosis han bajado a pesar de la irrupción del éxtasis líquido) y detenciones por disturbios (mínimas) que quedan como números finales de ese desmadre enorme y encantador que un muchacho insignificante, cejas espesas y aspecto de pánfilo, se sacó del bolsillo hace 10 años.

Os veré en el Loveparade 1999, el último del siglo, en el mes que Nostradamus predijo como principio del fin.



* "BERLIN TANZT TECHNO" = Berlín bailó techno. Con este titular amaneció el día 13 el periódico Berliner Morgenpost, saludando al Parade y a la gente que tomó parte en él.
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