![]() Nº 36 / Viernes 23 Enero 1998 | ||||||||||||||||||||||
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![]() Domingo 11 de enero, 7.07. En el desierto de los Monegros, en un polígono de Fraga (Huesca), Florida 135 acalla sus vatios hasta dentro de 12 horas. ![]() Colin Dale, dj. Dos horas de tecno en estado puro gracias a este inglés de 34 años, de Kiss Fm, Londres. Hace la conexión Londres-Fraga-Dublín. ![]() Rebeca, 18 años. Zaragoza. Estudia bachillerato artístico. Su camiseta es un pijama de niño reciclado. No tenía dinero para volver a casa. |
Una discoteca de pueblo se ha convertido en templo del tecno. Disc jockeys de todo el mundo pinchan en Florida 135. Texto: Ana Alfageme Una señora rubia con camisa de volantes negros entrega, a cambio de 1.400 pesetas, una entrada de riguroso diseño tecno a una flacucha que esconde sus costillas en una camiseta serigrafiada con el logotipo del sello dance Ninja Tune. La mujer agita el papelito con sus manos cuajadas de joyas de oro, la chica acerca su cabeza teñida de color mandarina, toma su billete y se pierde en la oscuridad del tecno progresivo, encaramada a unas deportivas de plataforma. Así es Florida 135:música de baile de primera fila en un pedregal ganado al río Cinca; Carl Craig, Juan Atkins y otros popes del sonido Detroit pinchando en una orilla del desierto de los Monegros, en la frontera entre Huesca y Lleida; tecnoheads en peregrinación semanal hacia una antigua sala de fiestas fundada en la posguerra en un pueblo de 11.000 vecinos llamado Fraga, que vive del cultivo del melocotón y la pera. Los ojos negros de un tipo rapado lo registran todo desde la primera barra. Saben que esas dos chicas son nuevas:se adentran en la falsa calle neoyorquina orillada de paredes de ladrillo, miran los dos platos en alto, el altar del dj, ocupado ahora por Tony Verdi, el pincha habitual, se meten en la tienda en la que otra señora de buen ver, al estilo de la taquillera, vende parafernalia skate-dance-snow-board y los dos discos que él, Juan Arnau, ya ha editado con la música de Funk dAvoid y John Acquaviva. El dueño del Florida viste camisa y vaqueros negros, gasta bigote, tiene 41 años, 70 personas a su cargo, una revista con 35.000 ejemplares, y hasta una página en Internet con debate diario. Dice que se ha gastado 35 millones en 1997 en traer a los mejores dj del planeta. Hace tres años, con el panorama maquinero en pleno auge y el club hasta los topes, Juan trajo a Jeff Mills desde Detroit. Vació la sala. Pero la programación semanal de las nuevas estrellas de la música, los disc jockeys, continuó de la mano de los organizadores del Sonar. "Florida 135 es así porque el empresario creía que esto iba a llegar", dice el empresario en su destartalado despachito de sillas de eskai. Y porque Fraga está a desmano de todo pero a mano de cualquier sitio. Es decir, a 436 kilómetros de Madrid, 195 de Barcelona y 111 de Zaragoza. "Si el dj va a Barcelona, no van los de Madrid, y viceversa". COREOGRAFÍA PARA CUELLO Y CABEZA La chica de pelo cítrico tiene 17 años, es aprendiz de costurera y hace tres meses que no venía por aquí, pero lo merece el dj invitado y la sala desahogada, como está hoy. "Ya verás cómo se pone esto con Laurent Garnier". Su pelo es del mismo color que el de Alfonso, otro devoto del tecno de 19 años que ensaya con su amiga Eva una coreografía para cuello y cabeza (con besitos)al compás del ritmo inclemente que impone Colin Dale. Aparte de mirar de reojo a Dale, no se puede hacer otra cosa mientras uno se sienta a devorar un perrito caliente a las cuatro de la madrugada. Hoy vienen de cerca: Lleida (29 kilómetros), Mollerusa (49 ), y lo hacen por la música que ponen aquí. En Florida 135, un cocinero de 19 años con gafas azules aerodinámicas y pantalón de cuadros permanecerá bailando, impasible el ademán, "siete horas en el Tíbet", como dice su amigo Miguel, "por este pelo como de Brad Pitt que me lleva". Miguel estudia Historia en Zaragoza y está ya bastante cocido. Mientras, un ex okupa londinense con perilla, de 24 años, se despepita con el rock en la boîte donde la edad media de la clientela y la uniformidad indumentaria se incrementa-, pero dice que estamos abocados al tecno. Habla en la red room, el teórico chill-out, donde la gente se da el lote. Si se sientan dos chicas, un camarero advierte que eso está reservado "sólo para parejas". En la sala pachanguera, el Privé, que lo mismo vale para una fiesta de la Cruz Roja como para que se junten los abuelos del pueblo, se refugian garrulos y maduritos. Su espectro sonoro va de la salsa al tecno basura. Los pastilleros se han ido, dice el dueño, "es cuestión de bajar la frecuencia de la música, si es muy alta, necesitan empastillarse, si bajas los bits, se van". No parece exactamente así: hay peladitos con vaqueros, zapatillas tipo Nike y ojos muy brillantes cuando llega la mañana, con una bolsa de mariposas amarillas en el mismo bolsillo que las llaves del GTI listo para quemar kilómetros por el desierto hasta que haya que volver al tajo. Información sobre programación, en el
974 / 47 02 50.
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