../f98/Flyers
Back

Artículo publicado en
"El País de las Tentaciones". 15 Junio 2001

.
EL JEQUE DEL "CHILL OUT"
NO LE PONDRÁS CARA. NO TE SONARÁ SU NOMBRE. PERO GRACIAS A ÉL, EL CAFÉ DEL MAR SE CONOCE HASTA EN LA CONCHINCHINA. EL PINCHA DEL ROLLITO TRANQUILO IBICENCO SE LANZA A CONQUISTAR EL PLANETA CON SU MUSICA.


"Ese hotel es como para jeques árabes. Vas allí y sólo escuchas los pájaros". El taxista suda y no para de hablar mientras el coche remonta una loma poblada de pinos en la zona de San Miguel, al Norte de Ibiza. Al final del monte, sobre un sobrecogedor acantilado está la construcción típica ibicenca. En la habitación, junto a la ventana desde la que se domina el mar, el sol y pequeños islotes, hay un jacuzzi y una terracita. Este último es el sitio elegido por José Padilla para sus encuentros con la prensa. No en vano él es el jeque de la música electrónica para relajarse (o sea, chill-out) en el mundo. Al menos en toda América y la mayoría de Europa. El Viejo Continente casi al completo; casi porque el lugar donde menos se le conoce es precisamente España, su propio país. "Antes me jodía interiormente que no se me reconociera aquí y sí fuera. Pero no puedo esperar nada de un país con tantas rociítos... No hemos adelantado nada musicalmente. Soy muy consciente de que la culpa de este desconocimiento es sólo mía: soy yo el que decidió patearse toda Europa". Navigator, el último trabajo de Padilla, se publica hoy en 44 países simultáneamente. Se trata de lo que las discográficas llaman "un producto con prioridad total". Sin embargo, pocos son los que conocen su nombre en España y menos los que le reconocerían si se cruzaran con él por la calle. Así que la misión consiste en descubrir quién es este gerundense de 45 años al que adoran los mejores dj's europeos especializados en música ambient, que ha vendido casi tres millones de copias de discos en todo el planeta y que, en estos momentos, medita la oferta de producir el próximo trabajo de Dido.

COMER NARANJAS Y ROBAR CERDOS

Su posición dentro del mundo chill está clara, pero la mejor pista para situarle dentro del mapa musical se compone de tres palabras: Café del Mar. Él fue el creador, inventor y recopilador de las seis primeras ediciones de la colección de discos que lleva el nombre del mítico café ibicenco situado en la zona de San Antonio. Esas tres palabras le han convertido en superventas, le han dado prestigio y también le han conducido a los tribunales. Pero no se llega a lo más alto así de golpe. La trayectoria de Padilla es una larga historia - digna de la más rutilante estrella de rock - en la que se mezclan aventura, drogas, muerte, engaños, desazón y, por fin, el triunfo.

"La música siempre fue una liberación. Vengo de una familia pobre del sur de España, de Jaén. Emigraron a Cataluña, a un barrio pobrísimo de Barcelona que ya no existe y que era como una especie de gueto". La huida necesaria de esa pobreza se la proporcionaban, cuando tenía 12 años, los Bee Gees, Black Sabbath, Deep Purple y Pink Floyd. "Era la época en la que empezábamos a hacer guateques. Yo pinchaba los discos en uno de esos aparatos que eran como una caja e iban cayendo los vinilos. Me gustaban también la Credence, los Beatles y los Rolling", dice mientras mira al mar recordando. De allí le vino la vocación. La de disc jockey, que es como él realmente se define: "Soy dj y productor. Como pincha de vinilo soy muy fiel a determinados sellos, últimamente me gustan los de house underground; otra de mis características es que necesito tener cerca de doscientos discos en las maletas para pinchar, preciso una buena cantidad para tener cubiertos todos los estados de ánimo".

Pronto, con 15 años, dice que descubrió la bossa nova: "El elepé La chica de Ipanema me cambió totalmente el chip. A partir de entonces supe que me había marchado a otro lugar musical". Quedaban atrás el heavy metal, el rock progresivo de los setenta y todo lo que sonara a sinfónico. Y ese enamoramiento de la música que algunos definen como 'tranquilizadora para el alma' y que sintonizan en algunos vuelos transoceánicos para calmar la claustrofobia del viajero fue la que propició una de las partes más difíciles de su vida: la aventura. "Tenía 20 años y no podía más. Me fui al puerto de Barcelona dispuesto a escapar y, como soy impulsivo, decidí que me subiría al primer barco que zarpara. Se dirigiera a donde se dirigiera. La suerte eligió la isla". Quedaron atrás sus sesiones como pinchadiscos de un garito para turistas en la Costa Brava y su primer trabajo en una tienda de muebles (llamada Golden Box) por el que cobraba 3.000 pelas a la semana. "Llegué a Ibiza sin ningún tipo de contacto. A buscarme la vida. El que tenía un puesto de dj no lo soltaba y tuve que trabajar de albañil, camarero... He comido muchas naranjas en esta isla. Incluso una vez tuvimos que robar un cerdo. Lo matamos y nos lo comimos; había que sobrevivir". Por fin le llegó su primera oportunidad frente a los platos. Se metió de lleno en la night life ibicenca. Fue pincha del antiguo Ku, hoy Privilege. Y comenzó la locura. Las drogas y el desfase. "Me metía mucho de todo, alcohol, drogas... hasta que llegó un momento en el que pensé: 'O dejo esto ova a terminar matándome". A la vorágine se sumó el suicidio de un compañero con el que había emprendido la empresa de montar un bar en Ibiza. "Terminé con todo. Cuando llevaba tres años limpio empecé con lo del mercadillo". Grababa cintas en las que recopilaba temas que casaban como un guante unos con otros. "Descubrí que las 200 cintas que llevaba se vendían en media hora. Así que vi el cielo abierto, llegué a tener en casa 10 copiadoras funcionando día y noche. Me iba casi con tres cuartos de millón en el bolsillo".

La experiencia Café del Mar comenzó en 1992 (el primer compacto se editó en 1994, en React). Le contrataron como el dj y comenzó a ponerle banda sonora a la caída del sol en San Antonio y a grabarla. "Todo explotó cuando los dueños del local decidieron registrar la marca". Eso ocurrió hace apenas tres años y empezaron los juicios. El primero lo perdió, pero apeló ha logrado que la marca quede anulada en la categoría cintas de audio. "Simplemente he estado luchando por lo que yo he parido y considero que es mío. Y ellos han apelado al Supremo. En lugar de llegar a un acuerdo, que hubiera sido interesante para las dos partes. El asunto está en manos de mis abogados. Pero en el Reino Unido ya he ganado. Han fallado a mi favor. Y lo mejor de todo es que hemos hecho jurisprudencia". Esos temas que pinchaba en el Café del Mar son los que a él le hubiera gustado componer. "Muchas de aquellas canciones están coproducidas por mí, y es algo que no sabe nadie. Me tiraba una media de seis meses hasta que tenía claro qué temas entrarían en la compilación".

Ahora, con dos ingenieros ingleses en el estudio que tiene en casa de San Rafael, ha realizado su segundo álbum compuesto por él (el primero se llamó Souvenir). "No soy un músico. Cada persona tiene unos dones determinados. Yo sé perfectamente cuando algo suena mal o bien. Normalmente empiezo de cero, con un color y a partir de ése voy metiendo y sacando cosas; tarareando si hace falta, describiendo lo que quiero". Y cuando no tararea, cuando no compone e Ibiza se pone a tope con los turistas del verano, el jeque se marcha a poner banda sonora a la caída del sol en las Islas Griegas. "Son como la primera Ibiza que yo conocí".


Manuel Cuéllar
FLORIDA 135 Sotet 2, 2o B22520 -FRAGA (Huesca)e-mail: florida@florida135.com